Como nos ocurre a casi todos en esta cultura nuestra, mi amor es un amor a ser amado, un factor clave para mi autoimportancia. Pero resulta que este amor a ser amado, aunque muy necesario en la infancia, no es amor: es ansiedad. El amor auténtico sólo se quiere a sí mismo, y no necesita para ello a la ansiedad. Y nosotros, queremos amar, pero la mayoría de veces no amamos; sólo creemos poseer a los demás, como objetos que creemos que calman nuestra ansiedad.