Tantos años creyendo que no había que sentir rabia. ¿Por qué? «Porque eso no está bien», me decían los más prácticos. «Porque, si la sientes, ya te has dejado ganar por ella», me decían los más teóricos. Pero ahora ya no lo veo así. Si no te dejas sentir la rabia (esa abrasadora vibración en el cuello y el estómago), no te estás respetando, no respetas la vida. Eso sí: lo que hagas con ella es cuestión de actitud. Y eso sí, depende de ti.

Siento, pero no consiento.